La conservación marina en América Latina acaba de dar su paso más ambicioso y pragmático en la historia reciente. En el marco de la COP17 de Biodiversidad, Ecuador, Chile, Colombia, Panamá y Perú han formalizado el nacimiento de RAMPAS (Red de Áreas Marinas Protegidas del Pacífico Sudeste). Este acuerdo, coordinado bajo el paraguas de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS), no es simplemente una firma diplomática más; representa una reingeniería en la forma de gestionar el océano.
La gran innovación de RAMPAS radica en su enfoque conceptual. Por primera vez de manera vinculante e intergubernamental, un proyecto de esta escala fusiona la rigurosidad de los datos científicos y oceanográficos de alta resolución con el concepto de «maritorio»: el sistema de saberes ancestrales y comunitarios de los pueblos costeros e indígenas. El bloque reconoce explícitamente que la protección de los ecosistemas no puede ejecutarse desde escritorios continentales, sino integrando activamente a las comunidades locales y a los movimientos de mujeres pesqueras.
Con la mira puesta en la meta global del «30×30″—que exige blindar el 30% de los espacios oceánicos para el año 2030—, RAMPAS interconectará más de 120 áreas protegidas de los cinco países firmantes. El objetivo es pragmático: disolver las fronteras políticas en los mapas para crear corredores biológicos continuos. Esto permitirá un intercambio de datos en tiempo real y patrullajes coordinados para proteger las rutas migratorias de la megafauna transfronteriza —como ballenas, tiburones y tortugas marinas— frente al cambio climático y la presión implacable de la pesca ilegal. Latinoamérica demuestra, una vez más, que la sostenibilidad y el liderazgo logístico pueden marchar al mismo ritmo.
Redacción Portada Marítima LATAM









